Si nos escucháramos

Por Miguel Pérez, compositor

 

Existe la creencia de que la música es el arte que llega más rápido, quizá el más sencillo de saborear. Falso. Algo puede no resultarnos agradable a la hora de su escucha porque sencillamente implica que el cerebro trabaje. Sin embargo, la repetición año tras año, Semana Santa tras Semana Santa, puede hacer de determinada música un himno que retumbe en nuestro corazón y nos empape la mirada de emoción, a pesar incluso de nuestra formación musical, a pesar de que el cerebro esté descansando en esa escucha, hablamos de la nostalgia y los recuerdos que muchas veces están solapados a determinada música que hemos escuchado a lo largo de nuestra vida. Pongamos por caso la marcha Malagueña Virgen de la Paloma. Esta marcha sin duda nos resuena ya a todos de un modo especial, convertida ya casi en un himno de nuestra Semana Santa. Sin embargo, nos acercamos un poco más detenidamente y comprobamos objetivamente que es una marcha que contiene grandes problemas formales, además de una notable pobreza armónica, melódica, e instrumental. O sea, que lejos de una sencillez pretendida, realmente hay huecos indiscutibles a la hora de cerrar la composición, en las que el gusto nunca estuvo presente a la hora de decidir qué. Quizá el exceso de comodidad del cerebro a la hora de escucharla, o el reconocimiento ya desde sus primeros compases por los oyentes, la han convertido en lo que hoy ya es, el pueblo la ha hecho suya, a pesar de todos estos inconvenientes anteriores. Entonces, ¿Cuál es la solución al problema? Para empezar creo que el problema es mucho más grave, y la solución llevaría décadas, pero pienso que sería bueno una mejor educación musical, y no hablo de conservatorios, donde el reducido número de plazas para los alumnos ya habla por sí solo. Tampoco hablo de más bandas de música, pues creo que es importante la cantidad, pero también lo es la calidad, no es bueno que nos olvidemos de crecer. Pienso que quizá debería haber mayor presencia de la asignatura de música en las propuestas educativas actuales. No hablo de una enseñanza musical en la que los niños aprendan biografías de compositores y toquen la flauta dulce, hablo de una enseñanza más útil, más cercana a la vida a través de la cuál los niños puedan comprender toda una serie de factores decisivos posteriormente, por ejemplo, aprender a escuchar, a escuchar sin más, a conectar el oído con el cerebro, con el oído del cerebro. La sociedad sería otra si nos escucháramos unos a otros, aunque sólo sea un poquito.


Enlace relacionado: www.miguelperez.es

EN LA DISTANCIA. Señal única

Por  Jonni Bassiner,  jefe de emisiones de Barcelona tv.

 

En una de las pasadas emisiones del programa radiofónico “El Cabildo” en Radio Voz Málaga, se habló del “deseo cofrade” (expresado por algún que otro forero) de minimizar al máximo la iluminación que instalan las diversas emisoras de televisión a lo largo del recorrido oficial durante la Semana Santa. Una de las posibilidades que se especulaban, era la de que las emisoras locales se pusieran de acuerdo para realizar una señal única, distribuida a todas ellas, y de este modo se podría reducir los numerosos puntos de luz.

 

Sobre el papel, eso es así y de hecho es como se realizan multitud de eventos televisivos. Pero en el caso que nos ocupa –las retransmisiones de los desfiles procesionales de Málaga– la cosa puede no ser tan sencilla como parece. Para que eso fuera posible, habrían de cumplirse las siguientes premisas:

 

En primer lugar tendrían que ponerse de acuerdo todos los emisores locales (digo los locales, porque que se pongan de acuerdo éstos ya es difícil, más lo seria que se pusieran de acuerdo con la emisora autonómica Canal Sur).

 

En segundo lugar, tendrían que decidir qué emisora o emisoras serían las encargadas de realizar la “señal institucional” (aquélla a la que todas las demás tendrían acceso).

 

En tercer lugar, dado el caso de que se acordara que fuera una única emisora la encargada de la realización, la discusión técnica se habría resuelto mayormente, pero quedaría por dirimir qué parte del recorrido oficial se cubriría (ardua discusión). Pero si se decidiera que la “señal institucional” la produjeran dos o más emisoras, técnicamente la cosa se complica un poco. Me explico. Para que una señal realizada sea técnicamente homogénea, es decir, que tenga una “unidad visual”, se precisa que todas las cámaras que intervienen en dicha realización tengan un mismo estándar (preferiblemente marca y modelo) para que la respuesta técnica sea similar (así y todo hay un trabajo previo de equilibrado de las cámaras en cuanto a color y contraste, y durante la realización de la retransmisión hay un técnico –Control de cámaras– que se encarga de igualar la calidad de la señal de la cámara que está en el aire, con la siguiente que el realizador “pinchará”, para que de esta forma se mantenga esa “unidad visual” a la que me refería anteriormente). Si las cámaras de los emisores encargados de producir la señal no tienen las mismas características técnicas (dejando aparte la marca y modelo), simplemente que no tengan una misma respuesta técnica, habemus problema.

 

Claro está que podrían decidir que la unidad móvil de cada emisor cubriera una parte distinta del recorrido y así –aparentemente– resolvían el problema. Pero eso no es así, porque cada vez que se conmutara la señal producida por una de las unidades móviles con la señal de la otra, se notaría el cambio de calidad y además, seguiríamos en las mismas: ya tenemos dos o más unidades móviles con sus cámaras, sus grúas... y no lo olvidemos... con sus LUCES!

 

Además, todo este montaje de dos o más unidades móviles, requiere lo que técnicamente se denomina “realización en cascada”, es decir, hay un realizador en cada unidad móvil que decide qué cámara “pincha” (elige) en cada momento. La señal de cada unidad móvil llega a un control de realización y en este control, a su vez, un “súper realizador” elige qué señal (de las que le ofrece cada unidad móvil) va a antena. Este sistema requiere una grandísima coordinación técnica y contar con expertísimos realizadores en este tipo de producción.

 

Lo adecuado sería que se encargara de la “señal institucional” una única emisora, preferiblemente aquella que cuente con unos medios técnicos más adecuados a las necesidades del evento.

 

Otro posible elemento de discordia –al cuál apuntaba Antonio Márquez en la tertulia radiofónica– es la discusión del estilo narrativo. Yo sinceramente, las cosas se pueden contar de muchas formas, pero en el caso de una retransmisión procesional, creo que solo hay dos formas de hacerlo: correcta ó incorrectamente. Una retransmisión de ese tipo es muy sencilla: muestra aquello que pasa delante de la cámara, como si ésta fuera un “espectador de a pie”. No se trata de hacer “Ben-Hur”, se trata –a mi entender– de mostrar la procesión para aquellos que no pueden verla en “vivo y en directo”. No quiero extenderme más en este aspecto, puesto que lo traté ampliamente en una anterior tribuna.

 

Para poder diferenciar un poco el estilo de cada emisora, hay un sistema (el que se emplea durante las retransmisiones de los JJ.OO. o en grandes eventos deportivos) que permite “personalizar” la “señal institucional”. El sentido de la “señal institucional” (en el caso de los eventos deportivos) es el de ofrecer una realización “neutra” que pueda ser adecuada a cada país participante, es decir, los muestra todos y no se decanta por ninguno. La “personalización” se refiere a incluir en la realización final de cada emisora, la combinación de las imágenes ofrecidas por la “señal institucional” con imágenes de cámaras propias del emisor emplazadas en el mismo lugar del evento, pero que se encargan de ofrecer planos concretos del equipo del país.

 

Esa podría ser una solución intermedia para las retransmisiones procesionales, eso sí, si la calidad de las cámaras es distinta, cada vez que se conmute de la “señal institucional” a la de la cámara propia, se notará.

 

De otro lado, también se hacía mención a la necesidad de utilizar tanta iluminación, de si no existían cámaras capaces de tomar las imágenes sin iluminación específica. La iluminación no se emplea “simplemente” para iluminar el evento, para verlo. Pese a todos los avances tecnológicos de la televisión, siguen habiendo ciertas premisas insalvables. Una de ellas es la relación de contraste (la relación entre el valor más luminoso y el valor más oscuro de la imagen). Con la iluminación se persigue suavizar esa relación. Otro elemento a considerar es la profundidad de campo. Un evento de este estilo, dónde en un mismo plano podemos ver una larga fila de nazarenos y al fondo un trono, precisa tener a foco (que se vea nítidamente) mucha distancia (desde 2mts. a 30mts.) y esto no es posible con la luz ambiente. Todas las ópticas (las de una cámara de cine, de fotografía o de televisión) funcionan igual: cuanto más “cerrado” esté el diafragma, más profundidad focal, y para poder cerrar el diafragma, hay que tener la luz suficiente que permita hacerlo.

 

Podríamos extendernos más en cuestiones técnicas, pero este no es el objetivo de esta tribuna. Volviendo al tema de la señal única, sea cual sea la decisión que se tomase, lo más importante es que se emplee el sentido común, que según parece –en demasiadas ocasiones– es el menos común de los sentidos.

Opinión

Este es el sistema de noticias de la web de Opinión.

Artículos de opinión y análisis de firmas reconocidas del panorama actual cofrade malagueño.

Categorías


Prueba

Suscríbete

RSS | Atom

Contacto

Contactar

Albergado en:blogdiario.com Un servicio de HispaVista Contador gratis contadorplus.com