EN LA DISTANCIA. Todos somos uno

 

Por  Jonni Bassiner, jefe de emisiones de Barcelona tv

 

Los Reyes Magos ya pasaron, ahora es tiempo de Carnaval, muy pronto llegará doña Cuaresma y tras ella, la semana más esperada del año por todos los cofrades.

 

Los Reyes me dejaron -entre otros regalos- un DVD de una película que hace muchos años deseaba ver de nuevo. Se trata de “¿Arde París?”. La película no tiene que ver en absoluto con los temas objeto de estas tribunas, pero el regalo que descubrí en ella sí. Al visionarla de nuevo, después de tanto tiempo, me ofreció la posibilidad de darme cuenta de por qué me había emocionado siempre. La película trata de la organización de los habitantes de una ciudad, París, para hacer frente a los invasores nazis y conseguir así su liberación. La emoción que reconocí nuevamente, es el sentido de unicidad, el de “todos a una” que la película nos muestra.

 

Esa es una emoción que me ha acompañado toda mi vida. Ahora se por qué, porque se trata de un principio divino: todos somos uno. ¿Y qué tiene que ver todo eso con la Semana Santa? Para mí mucho. Ese es el principio que me emocionó profundamente al vivir mi primera Semana Santa en Málaga. Fui consciente de la sucesión múltiple de eventos simultáneos (en distintos barrios) todos ellos relacionados entre sí. Por los medios de comunicación se informaba permanentemente de todo lo que allí acontecía. En los comercios, bares y restaurantes se apreciaba en qué momento del año nos encofrábamos. En definitiva,  pude darme cuenta de cómo respira una ciudad entera, Málaga, volcada por un fin común: su Semana Santa.

 

De chico siempre me había dado pena no poder vivir en ciudades como Valencia con sus Fallas, Alcoy con sus fiestas de Moros y Cristianos o en cualquier ciudad andaluza con sus Semana(s) Santa(s), porque en mi ciudad no había nada de eso. Pero la pena no era por no poder ver todos esos maravillosos eventos (que también) si no por no poder participar de forma natural en un evento “de unión”, en un evento donde todos los ciudadanos son cómplices de una forma u otra, en un evento por el que todos ponen lo mejor de si mismo, con la finalidad de llevar a cabo positivamente el “fin común”.

 

Por fortuna, pude vivir -en primera persona- la catarsis colectiva experimentada en Barcelona durante la preparación y consecución de los Juegos Olímpicos del ’92, algo inolvidable para mí. Ahora, a pesar de no vivir en Málaga, me siento feliz de poder disfrutar y participar en su “fin común”, porque por unos días siento el “todos somos uno” que se respira en Málaga durante su Semana Mayor.

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