Las figuritas del Belén
Por Jesús Abades, periodista
Siempre es buen momento para ir a visitar la Catedral de Málaga, y si encima le plantan en su interior un belén de 45 metros cuadrados de superficie compuesto por más de 70 figuras, que nos echen un galgo. Muchos son los minutos que un buen puñado pasamos extasiados ante buenos montajes navideños como éste, una especie de tableaux vivant donde la soberbia terracota, el anacronismo y cierto regusto kitsch se mezclan a partes iguales. Sin embargo, corren malos tiempos para tan encantadora iconografía en una navidad fusilada del mito de Mitra y donde la exclusividad del abeto y San Nicolás (alias Papa Noel, alias Santa Claus, en realidad un obispo redentorista de Asia Menor) cada vez viene pisoteando con más fuerza a las figuritas del belén.
En España, Salzillo y sus discípulos (a revalorizar la interesantísima figura de Roque López) llevaron a lo más alto la ejecución de belenes, simulacros cuyas calidades e iconografía no siempre gozan del nivel requerible en estos casos. Ya se sabe que no todos pueden llamar a Ernesto Aladro o a Cuenca Santo (por mencionar a dos imagineros contemporáneos de mérito a la hora de modelar nacimientos) para montar su misterio al lado de la pecera o el dvd, pero digo yo que tratándose de templos o sitios públicos con posibles, no estaría mal que, aún acudiendo a la producción en serie, reemplazasen el bricoarte de Todo a 1 Euro coloreado con óleos de “Mi Primera Caja de Pinturas”. Y créanme que echar mano de la mitad de las figuras de la parroquia y transformarlas en San José, magos y pastorcitos tampoco es siempre otra buena solución; en una ocasión, hasta me pareció ver a un San Pedro con cara de circunstancias.
También en Málaga se admiraron en su momento célebres réplicas del belén de Salzillo que los murcianos guardan como oro en paño. Fue en Nápoles donde se dio forma definitiva a estas abigarradas y pintorescas composiciones, que reúnen diversos pasajes navideños (La Huida a Egipto, María y José adorando al Niño, El Tributo de los Tres Reyes Magos...) y cuya prehistoria se remonta a la época romana. Es curioso que prácticamente ninguno de ellos muestre el momento efectivo del Nacimiento de Jesús, que en un principio la doctrina cristiana representaba con dolor de parto por parte de María para acabar prescindiendo de todo sufrimiento con el fin de sobrenaturalizar aún más su divinidad.
Afortunadamente, siguen siendo mayoría los hogares de nuestro país que, a través del belén, aliñan con imaginación y fantasía la Navidad, sobre todo si ronda la ilusión de los más pequeños por medio. Un país que, sorprendentemente, ha contribuido muy poco a los festejos con inventos de cosecha propia. Si tenemos en cuenta que el propio belén, tal y como hoy lo conocemos, es napolitano, el champagne viene de Francia, el abeto de los celtas, el muérdago de la mitología nórdica, el turrón de los árabes y la Flor de Pascua tiene su origen en México, casi podríamos decir que nuestras aportaciones se reducen a la zambomba, las uvas-atragantaderas de fin de año y los villancicos, esos que más de una vez no deberían sonar en gargantas que, más que cantar, berrean.
Desde estas líneas sólo me queda desearles todo lo mejor para estas fiestas y el próximo año 2007 a los internautas que integran El Cabildo, a los miembros de su foro y a todos los malagueños en general. ¡Ah! Y si no están de acuerdo conmigo en lo de las aportaciones y deciden pasar las fechas gastando como locos, siguiendo una arraigada costumbre española, no olviden que la tarjeta de crédito es Made in USA.