Tiempo de mirar hacia dentro
Por Ana María Medina, periodista
En mi primera incursión, quiero aprovechar el arranque del curso para reflexionar acerca de nuestro ser cofrade. Son tantos y de tanta relevancia los acontecimientos vividos en estos últimos años que quizás cuesta acostumbrarnos a enfrentarnos a un período “ordinario”. Coronaciones canónicas, efemérides y fechas destacadas han llenado el otoño-invierno de estos últimos años. Pero, aunque el culto público a Jesús y María en nuestros Sagrados Titulares forma parte esencial de la religiosidad popular de nuestra tierra, no podemos olvidar que todo camino tras Cristo se sustenta en una experiencia personal y comunitaria. No podemos ser sólo “candil de puerta ajena”, luz que deslumbra en las calles y ceremonias, pero que no alumbra en el interior de nuestras casas de hermandad. En la vida cotidiana es donde la cofradía crece y cultiva, desde el silencio y el trabajo continuo, esos logros que después, cuando llegue el momento, festejaremos. Por eso, este período que estamos comenzando es una buena ocasión para “construir cofradía”, porque la esencia de la vida no está en lo extraordinario, sino en descubrir en lo ordinario la mano del Señor que nos dice qué significa ser hermanos.